PISCIS

(19 de Febrero – 21 de Marzo)

“Abandono el hogar del Padre, y al regresar, salvo”


El símbolo de Piscis

Piscis es uno de los signos duales. Su símbolo está formado por dos peces o dos cuencos unidos por un cordón. Un cuenco representa el alma y el otro la personalidad (o la forma) del ser humano. Durante el período de manifestación, los dos cuencos están unidos por una horizontal, el hilo de la vida o sutratma. Principio y fin, vida y muerte, ser humano y cosmos se encuentran en Piscis. Una de las notas clave de Piscis es: esclavitud o cautiverio. En la primera parte del ciclo de la evolución, cuando el alma se encarna, se convierte en prisionera de la materia. En la segunda parte, después de la conversión interna, cuando el ser humano ya está en el camino de vuelta al hogar del Padre, la personalidad se convierte en prisionera del alma.


El pensamiento semilla esotérico de Piscis

“Abandono el hogar del Padre y, al regresar, salvo”. Esta frase hace referencia a la doble actuación del signo de Piscis. Partimos dejando el elevado lugar en el que morábamos como almas, nos encarnamos en un cuerpo físico, nos convertimos en prisioneros de ese cuerpo y durante toda la vida, anhelamos regresar a la libertad y la independencia de la existencia espiritual.


El camino del alma: el regreso

Otra nota clave para Piscis es: renunciación o desapego. Esto tiene un doble significado. En primer lugar, el alma renuncia a la seguridad de su propio origen que se simboliza con las palabras “el hogar del Padre”. Desciende al océano de la materia, a la oscuridad, se identifica con la forma y se olvida de su verdadero origen divino. Finalmente, a través del dolor y el sufrimiento, despierta de nuevo a su verdadera conciencia y se dedica de nuevo a los aspectos espirituales.

Reconocemos que la seguridad material, el éxito, los elogios y las posesiones no nos colman, porque todo lo terrestre es transitorio. Nos damos cuenta de la futilidad de todo lo material porque, cuando la muerte llama a la puerta, no podemos llevarnos nada. Por eso, en Escorpio, que es otro signo de Agua, se produce la gran conversión interna y en Piscis se regresa a casa. Por el camino se encuentra a muchos otros a los que se relata la propia experiencia, poniéndolos en contacto de este modo con el entusiasmo, la entrega, la renuncia y el desapego de la cautividad de la materia necesarios para que también ellos puedan emprender el camino de retorno.


Sacrificio y muerte

La tercera nota clave es : sacrificio y muerte. Esto se describe en Astrología esotérica (pág. 97 y 98) de Alice A. Bailey, como sigue :


“Los señores de la Voluntad y el Sacrificio descendieron a la manifestación, sacrificando su elevada posición y oportunidades en los planos superiores de la manifestación, a fin de redimir la materia y elevar a Su propio nivel las vidas que la animan (las Jerarquías Creadoras inferiores) debido a que constituyen la cuarta Jerarquía Creadora. Tal es el propósito subjetivo que fundamenta el sacrificio de estas vidas divinas, que somos esencialmente nosotros mismos, cualificadas por el conocimiento, el amor y la voluntad, y animadas por una perenne y perseverante devoción. Tratan de producir la muerte de la forma, en su significado ocultista, y la consiguiente liberación de las vidas que moran en ella, para llevarlas a un estado superior de conciencia. Todos los Salvadores del mundo (pasados, presentes y futuros) son el símbolo manifestado y la garantía eterna de este proceso. En reconocimientos como éstos debe buscarse la fuente principal de la vida de servicio. Las personas nacidas bajo este signo prestan frecuentemente servicio a la raza y proveen sus necesidades en algún nivel de conciencia. De tal manera, se preparan para el sacrificio final en Piscis, el cual “los absorbe nuevamente en su móvil original”, como lo expresa El Antiguo Comentario”


La polaridad Piscis-Virgo. Eje de existencia

Como sabemos, en Virgo debemos trabajar, ganarnos el pan de cada día y mantener el orden de forma que la vida sea segura. En cambio, en Piscis no nos interesa nada de esto. En Piscis anhelamos una conciencia libre de necesidades terrenas. Cuando las necesidades existenciales están cubiertas y el cumplimiento de nuestras obligaciones diarias deja de ser nuestra única pauta, entonces abrimos nuestra conciencia a nuevas dimensiones. Nos abrimos al Ser, al Todo y aparece la conciencia universal, cuya fuerza de transformación en sintonía con la dinámica de la vida en evolución, deja atrás todas las limitaciones estáticas.

En el mes de Piscis podemos descansar, descuidarnos tranquilamente y olvidarnos de todo lo que nos angustia. A veces, una enfermedad puede ser una oportunidad para relajarnos y para encontrar el camino de vuelta a nosotros mismos. De esta forma, las fuerzas curativas del alma se liberan de nuevo. En este mes, muchas personas experimentan el deseo de evadirse, anhelan alejarse, tener paz y tranquilidad y, sobre todo, quieren dejar atrás todo lo que les supone una carga. Huyen de las responsabilidades de la vida diaria. Esta es la tensión polar entre Piscis y Virgo, el eje de existencia.

En el mes de Piscis, podemos experimentar y aprender que en el mundo no hay ninguna seguridad absoluta (algo que Virgo siempre busca) y que la seguridad se encuentra en la inseguridad o, dicho de otro modo, en el puro estado de conciencia continua. Pero la conciencia es continua sólo cuando está constantemente en movimiento, cuando no se agarra a ninguna parte y cuando fluye de forma permanente.


La semilla del desarrollo del yo

En el signo de Piscis está oculto el comienzo de la vida. En Piscis empieza a formarse la semilla de la experiencia del yo, pero aún no es visible. Así como en la naturaleza los capullos todavía están cerrados mientras que en su interior late el pulso de la vida, en Piscis las fuerzas también trabajan por dentro. En Piscis tiene lugar la preparación de lo que va a venir. Aquí, lo espiritual es un ideal de futuro pero todavía no es una realidad; el mundo superior existe (normalmente) sólo en la imaginación. Por esa razón, muchas personas Piscis viven a menudo en un mundo de ensueño hecho de visiones que no tiene nada que ver con la realidad.


El anhelo de Piscis

En el signo de Piscis anhelamos llegar a un final, ansiamos sentirnos en paz y tranquilos, aspiramos a encontrarnos en un país en el que “se hable nuestro idioma”, nuestro país natal divino. Por eso, de vez en cuando surge aquí el deseo de muerte. Pero, al mismo tiempo, también están ocultas las fuerzas de una nueva vida y de un nuevo comienzo. Piscis es el signo del retorno al hogar del Padre de donde un día nos fuimos: el lugar donde empezó nuestro viaje a través de la vida. Es el signo donde la vida y la muerte, el comienzo y el fin, están secretamente en contacto, donde lo viejo se une con lo nuevo. Cuando lo viejo ha pasado o ha desaparecido, anhelamos algo nuevo que vuelva a animarnos y que nos permita progresar hacia delante. ¡La idea de progresar tiene relación con los pies, que están regidos por Piscis!


La vida y la muerte

A menudo, en el signo de Piscis las fuerzas destructivas de la muerte luchan contra el nuevo impulso hacia la manifestación en un intento de establecer su hegemonía. Al ser un signo acuoso y neptuniano, Piscis se encuentra con mucha facilidad en situaciones de carencia de límites y existe el peligro de que las fuerzas de disolución, que Freud denomina “impulsos de muerte”, aumenten en exceso. Si las fuerzas impulsivas gobernadas por ese deseo de muerte crecen demasiado, se desencadena una lucha por la conservación de la vida. En el caso positivo, lo viejo se supera y se extingue para que lo nuevo despierte a la vida. En esencia, se trata de superar el abismo existente entre la vida y la muerte. Pero esto sólo podemos conseguirlo con la inmutable voluntad de vivir. De lo contrario, somos arrastrados al vacío y perdemos el verdadero sentido de la realidad. Así pues, para conseguir la renovación, todo depende de nuestra voluntad de vivir, una voluntad de vivir que debe ser lo suficientemente fuerte. En este mes, todos luchamos de una u otra forma por la vida, sea físicamente porque estamos enfermos, emocionalmente porque estamos desanimados o desilusionados, o mentalmente porque sólo podemos ver la parte negativa de las cosas y corremos el peligro de caer en una depresión. Debemos defendernos de todas estas fuerzas recurrentes, afirmando la vida tal como es y esforzándonos en hacer todas las cosas lo mejor posible.


Fragmentos del libro :

Psicología Astrológica. Los Signos del Zodíaco.

Reflexiones y meditaciones.

Louise Huber. Api, ed.

CALENDARIO MEDITACIONES

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